jueves, 5 de octubre de 2017

El harakiri político del Partido Comunista Ruso Bolchevique

El harakiri político del Partido Comunista Ruso Bolchevique

Auge, apogeo y caída de un proyecto histórico


Hace cien años, entre el 24 y 25 de octubre de 1917, la revolución bolchevique conmocionó al mundo entero y el fantasma del comunismo presagiado por Carlos Marx y Federico Engels en el Manifiesto Comunista se convirtió en una alternativa real al poderío y dominio de las grandes burguesías nacionales y del gran capital industrial.  

El siglo XX, bien podría catalogarse –desde el punto de vista político e ideológico marxista– como la centuria de las revoluciones sociales y socialistas, o bien, el siglo de la experimentación in vivo de diferentes vías de desarrollo al comunismo.

No creo exagerar al afirmar que el siglo veinte fue el gran laboratorio del Manifiesto Comunista a nivel político-ideológico, social y económico.

El nacimiento de un mundo nuevo fue anunciado en el lugar menos esperado por los pensadores marxistas de la época. La Rusia Zarista, el “eslabón más débil” de la cadena imperialista, a decir de Vladimir Ilich Lenin, fue la primera nación en el planeta tierra en la que un grupo extremadamente pequeño de revolucionarios marxistas tomó el poder político-militar por la fuerza. Con la caída de la monarquía zarista y el establecimiento de un gobierno dirigido por el partido comunista bolchevique, comenzó en Rusia el proyecto histórico de la transición del feudalismo al comunismo.

En la construcción del socialismo y del comunismo, también llamado “comunismo científico”, actuaron variables dependientes e independientes de todo tipo, como en cualquier experimento de campo, las que influyeron en mayor o menor medida en el devenir de la nueva sociedad soviética. Uno de los factores externos que más influyó en los primeros años de la revolución fue el “cordón estratégico político-económico y diplomático-militar” tendido a la revolución de octubre –algo similar al bloqueo actual contra Cuba Socialista–  que culminó con la invasión nacionalsocialista de la Wehrmacht hitleriana en 1941 (Operación Barbarroja).

A pesar de todas las vicisitudes y obstáculos que tuvo que enfrentar la revolución bolchevique, el gobierno soviético cumplió con las condiciones materiales necesarias para alcanzar la liberación real de los hombres, según la teoría de Marx y Engels, como son el aseguramiento pleno de comida, educación, salud, bebida, vivienda y ropa de adecuada calidad y en suficiente cantidad.

En el VIII Congreso de los Soviets de toda Rusia celebrado en Moscú entre el 22 al 29 de diciembre de 1920, Lenin, en su informe general dijo entre otras cosas, lo siguiente: “El comunismo es el Poder soviético más la electrificación de todo el país. Sólo cuando el país esté electrificado, cuando la industria, la agricultura y el transporte descansen sobre la base técnica de la gran industria moderna, solo entonces venceremos definitivamente….Para cumplir el plan de electrificación…tal vez necesitamos un plazo de diez o veinte años…Mas es preciso saber y recordar que no se puede realizar la electrificación teniendo analfabetos…Además de saber leer y escribir, es preciso que los trabajadores sean educados, conscientes e instruidos; es preciso que la mayoría de los campesinos tenga una noción concreta de las tareas planteadas”.

El Partido Comunista Bolchevique fue capaz de sacar a la sociedad rusa, heredada de la monarquía zarista, del feudalismo, del analfabetismo, del atraso industrial y transformarla en una sociedad altamente desarrollada en un período relativamente corto. Este es uno de los grandes méritos y logros del partido comunista. El otro, es haber derrotado al fascismo alemán durante la Gran Guerra Patria.

Resumiendo: A pesar de todos los logros sociales, económicos, industriales y científicos alcanzados por la revolución soviética socialista, estos no fueron suficientes para dar el salto de calidad del feudalismo al comunismo. Tampoco fue por falta de voluntad ni de esfuerzo ni del sacrificio de los revolucionarios ni del pueblo trabajador que el proyecto comunista fracasara.

¿Por qué fracasó entonces?

Esencialmente, porque: „Ninguna formación social desaparece antes de que se desarrollen todas las fuerzas productivas que caben dentro de ella, y jamás aparecen nuevas y más elevadas relaciones de producción antes de que las condiciones materiales para su existencia hayan madurado dentro de la propia sociedad antigua. Por eso, la humanidad se propone siempre únicamente los objetivos que puede alcanzar, porque, mirando mejor, se encontrará siempre que estos objetivos sólo surgen cuando ya se dan o, por lo menos, se están gestando, las condiciones materiales para su realización”. Prólogo a la Contribución a la Crítica de la Economía Política de Carlos Marx, 1859.  

Por otra parte, Federico Engels, también expresó claramente en su ensayo “Principios del Comunismo”, 1847, que la revolución comunista en un solo país no era posible: “La gran industria, al crear el mercado mundial, ha unido ya tan estrechamente todos los pueblos del globo terrestre, sobre todo los pueblos civilizados, que cada uno depende de lo que ocurre en la tierra del otro. Además, ha nivelado en todos los países civilizados el desarrollo social a tal punto que en todos estos países la burguesía y el proletariado se han erigido en las dos clases decisivas de la sociedad, y la lucha entre ellas se ha convertido en la principal lucha de nuestros días. Por consecuencia, la revolución comunista no será una revolución puramente nacional, sino que se producirá simultáneamente en todos los países civilizados, es decir, al menos en Inglaterra, en América, en Francia y en Alemania. Ella se desarrollará en cada uno de estos países más rápidamente o más lentamente, dependiendo del grado en que esté en cada uno de ellos más desarrollada la industria, en que se hayan acumulado más riquezas y se disponga de mayores fuerzas productivas. Por eso será más lenta y difícil en Alemania y más rápida y fácil en Inglaterra. Ejercerá igualmente una influencia considerable en los demás países del mundo, modificará de raíz y acelerará extraordinariamente su anterior marcha del desarrollo. Es una revolución universal y tendrá, por eso, un ámbito universal”.

El Capital, dijo Carlos Marx en el Manifiesto Comunista, “es un producto colectivo; no puede ser puesto en movimiento sino por la actividad conjunta de muchos miembros de la sociedad y, en última instancia, solo por la actividad conjunta de todos los miembros de la sociedad. En consecuencia, si el capital es transformado en propiedad colectiva, perteneciente a todos los miembros de la sociedad, no es la propiedad personal la que se transforma en propiedad social. Solo cambia el carácter social de la propiedad. Esta pierde su carácter de clase.”

Con la disolución de la Unión Soviética en 1991, el Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS) fue desplazado del poder político, económico y militar, y, en consecuencia, la propiedad de el “Capital” de la sociedad soviética, que hasta ese momento era de carácter social y estaba administrado por el PCUS, pasó a manos de la vieja y nueva burguesía soviética. El derrumbe del “socialismo real soviético” o, dicho en otras palabras, la derrota del “capitalismo de Estado y de Partido”, trajo también consigo, por una parte, el surgimiento de una nueva clase social dominante compuesta por antiguos funcionarios del estado soviético y por dirigentes del PCUS, y por otra, la apertura al gran capital industrial y financiero internacional. En cierto sentido, el fracaso de la Unión Soviética también es el éxito de la contrarrevolución burguesa soviética y de la burguesía financiera internacional. No obstante, hay que señalar al PCUS como el principal responsable del fracaso del proyecto revolucionario socialista y de la involución de la economía al capitalismo burgués y transnacional.

El principio del fin

Las revoluciones sociales, así como todos los procesos dinámicos en los que interviene la mano y la mente del hombre, la probabilidad y posibilidad de cometer errores forman parte del proceso dialéctico de desarrollo. Sin embargo, la resolución: “Acerca de la Unidad del partido”, aprobada por mayoría (de los 400 delegados, 25 votaron en contra y 3 abstenciones) en el X-Congreso del partido celebrado en Moscú del 8 al 16 de marzo de 1921, puede considerarse, a la luz de todo lo ocurrido a partir de esa fecha hasta la disolución de la Unión Soviética en 1991, como el craso error estratégico o el harakiri político del partido comunista ruso bolchevique (PCR(B) [El dilema de Lenin ]. 

El proyecto de resolución estuvo rodeado de circunstancias (o factores externos e internos) particulares que, a decir de Lenin, ponían en peligro la unidad del partido y, por ende, a la continuidad de la dictadura del proletariado.  Es decir, que para Lenin y el sector duro de los Bolcheviques, decir “Dictadura del Proletariado” equivalía a decir Partido Comunista Bolchevique.

Sin entrar en mayores detalles ni en los pormenores de la lucha ideológica del partido bolchevique, cabe resaltar un detalle importantísimo: La existencia de fracciones políticas al interior del partido era legitima y aceptada por toda la membresía, al menos oficialmente, hasta marzo de 1921.  

La iniciativa, o propuesta de resolución, fue planteada precisamente por Lenin, quien siempre estuvo abierto, en particular al dialogo, la discusión, el compromiso y la negociación y, en general, a la lucha ideológica. La resolución que bien pudo entenderse en su momento como una maniobra de Lenin para aislar a las fracciones conocidas como “Oposición Obrera” y “Centralistas Democráticos”, al fin y al cabo, actuó al interior del partido como un bozal.

Anecdótico resulta el hecho que todo el Comité Central del partido votó a favor de la resolución, incluyendo al mismo Trotski y a Karl Radek, quien al principio de los debates tuvo una posición crítica frente a la resolución y fue el único que presagió en su momento el advenimiento de un dictador.  

El Marxismo-Leninismo según Stalin

A nivel político - ideológico, Stalin hizo lo mismo que Paulo de Tarso con Jesús de Nazaret y convirtió a Lenin, post mortem,  en un santo; y a sí mismo, en su legítimo y verdadero sucesor [La canonización de Lenin]. Además, se inventó el “marxismo-leninismo” como la “única ideología marxista” verdadera.   Luego, no conforme con esa primera medida, Stalin comenzó su cruzada de exterminio y neutralización de los “enemigos de la revolución”, es decir, a todos aquellos líderes políticos que divergieran de su línea política e ideológica, utilizando métodos poco dialécticos, al mejor estilo de Tomás de Torquemada, durante los años de la Santa Inquisición. El vil asesinato de León Trotski a manos del catalán Jaime Ramón Mercader del Río es el mejor ejemplo de la forma en que Stalin entendía la lucha ideológica.  Así, de esa forma, pasaron por la hoguera estalinista, además de Trotski, Bujarin [Koba, para qué necesitaste mi muerte], Kamenev, Zinoviev y cientos de miles  de comunistas, tanto de izquierdas como de derechas.

El “marxismo-leninismo” de Stalin, tal y cual él lo entendió y lo aplicó con mano dura, fue la exégesis religiosa de la concepción dialéctica y materialista de Carlos Marx y Federico Engels. A partir de ahí, el materialismo dialéctico e histórico, dejó de ser una “guía” para la práctica revolucionaria y se convirtió en catequismo. 

¿Murió el estalinismo con la muerte de Stalin en 1953?

Para los apologetas del “marxismo-leninismo” estaliniano, el periodo histórico comprendido entre la muerte de Lenin en 1924 hasta la celebración del XX Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética en 1956, estuvo caracterizado por el culto a la personalidad de José Stalin. Incluso algunos comunistas modernos –tengan ellos conciencia o no de su neo estalinismo– se atreven a afirmar que el término “estalinismo” es un invento propagandístico del Gran Capital y la burguesía financiera imperialista. 

Nikita Khrushchev, quien conoció muy de cerca a Stalin, reconoció en su “Informe Secreto” al XX Congreso del PCUS el 25 de febrero de 1956, que el “culto a la personalidad” socavó los principios democráticos del partido comunista y de la sociedad soviética. Pero Nikita se quedó corto en su crítica al reducir todos los errores cometidos al problema del “culto a la personalidad de Stalin”, en cuanto a que la veneración al líder comunista no fue lo único que causó tanto miedo y terror en la sociedad soviética y sobre todo al interior del partido comunista, sino que fueron principalmente los métodos de subordinación política partidaria, persecución, tortura y muerte utilizados por Stalin y sus seguidores, entre ellos, Genrich Jagoda y Lavrenti Beria.  

En este sentido, el estalinismo es una desviación teórica y práctica del materialismo dialéctico e histórico. Es decir, que el estalinismo hay que considerarlo como una enfermedad viral de los partidos comunistas o agrupaciones “marxistas-leninistas”, que afecta, así como la rabia en los animales y en los humanos, todo el sistema nervioso central, políticamente hablando el Comité Central y otros órganos de decisión, y cuya letalidad es cercana al cien por ciento. Por lo tanto, si Nikita Kruschev pensó en 1956 que, “muerto el perro se acaba la rabia”, estaba muy equivocado.

Conclusión

Sin duda alguna, existió en el mundo un antes y un después del triunfo de la revolución bolchevique en 1917. El auge de la Unión Soviética tensó las fuerzas político-sociales a escala mundial e intensificó la lucha de clase a nivel internacional. La Unión Soviética demostró que sí era posible romper el nudo gordiano de las relaciones de explotación y dependencia de una clase social sobre otra. En este sentido, la Unión Soviética fue un buen ejemplo para los pueblos de otras naciones sometidas y subyugadas por las burguesías y oligarquías nacionales. Tal fue el impacto provocado por la revolución bolchevique que muchos creyeron ver en el horizonte, las cruces del panteón de la historia en el que el proletariado enterraría al capitalismo.

La tragedia de la revolución bolchevique de octubre de 1917, según mi opinión, no fue el triste final en diciembre de 1991. La verdadera tragedia de la revolución ocurrió 70 años atrás, cuando Lenin, el líder máximo de la revolución y el Comité Central aprobaron la resolución “Acerca de la Unidad del partido”.  Ahí quedó guardada in sécula seculórum y bajo sello, la única “vacuna” efectiva contra el estalinismo o cualquier desviación totalitaria: La lucha ideológica y la libertad de expresión, dialéctica y abierta, al interior del partido en cualquier tiempo que sea, sobre todo en tiempos de crisis y/o de guerra.

El Parlamento ruso, convertido en un gigantesco cuadrilátero, fue el escenario en el que Mijaíl Gorbachov y Boris Yeltsin se enfrentaron el 25 de diciembre de 1991 como dos pesos pesados de la política soviética. Gorbachov, secretario general del partido comunista, cayó en la lona a causa del fulminante y trapero gancho de derecha al hígado que le propició Boris en el momento menos esperado, sin comprender lo que acontecía a su alrededor. 

Efectivamente, la contrarrevolución había triunfado. Sin embargo, la suerte de la Unión Soviética ya estaba echada independiente de quien fuera el perdedor o ganador.

Por suerte, y eso abriga esperanzas, la lucha de clases no es una contienda boxística.

La lucha continua….

martes, 19 de septiembre de 2017

De musas y escaramuzas

De musas y escaramuzas

Puro Carburo[1] pipil[2]


Cuenta la historia que más de algún semental cristiano por romper un himen se metió en tremendo lio,
Muy peligroso es remojar el chilillo[3] y luego pregonar el hecho a los cuatro vientos con el orgullo henchido
Lo mejor es navegar por los siete mares con bandera de pendejo[4] y no pavonear de guapo ni engreído
Yo puse cara de casto y puro en mi boda, siguiendo las recomendaciones de Himeneo, el hijo de mi tía Clío.

Cantando una ranchera montuna en lugar de un falsete, un gallo me salió al galope,
Si montando una yegua baya iba al mejor estilo cow boy allá por Atecozol[5]
Ah malaya la suerte mía, pues lo único que logré fue lastimarme un coyol[6].
Así comprendí bisoño que no nací pa’cantante.  Lo mío lo tengo, dicen algunos, por la gracia de Calíope.

Conocí hace décadas en el Puerto de La Libertad[7] una moza joven y hermosa. Dijo que era andaluza.
Era muy placentera, de piel alabastrina, delicada y fina, bailando rumba flamenca parecía una sierpe,
De ella aprendí muchas cosas, entre otras, a jugar el tenis, aunque no tenía la calidad de la Muguruza
Maestra virtuosa como era, soplaba de todo: pitos, tubas y los flautines de carrizo, así como lo hacía Euterpe.

En Mesoamérica se acostumbraba en mis años mozos a dar serenatas con calor o con frio.
Allí, bajo el balcón se juntaban los mariachis, si es que había bastante pisto[8] y si no, pues tocaba un trio.
Y cuando el suegro era prosaico y rudo, te gritaba furioso: ¡Hijodeseiscientasmilputas deja en paz a Irene!
Aunque un trovador enamorado no se inmuta, pues el canto lo lleva en la sangre como Melpómene.

En el carnaval de La Habana bailé Casino con una mulata color canela nacida en Camagüey,
En Santiago de Cuba me inventé un guaguancó[9] guanaco[10],  danzando con Rosalía quien era tremendo mamey
Y no me vengan con lo de Fania All Stars y todo el rollo con Oscar De León, que el bárbaro del ritmo fue Beny Moré
Así me pasé la juventud, bailando mambo, rock and roll, guaracha y merengue de la mano de Terpsícore.

Y ya que las musas dicen que no hay mus, finiquito aquí esta salsa de carburo, recordando aquella joven huraña
que hizo teatro infantil conmigo, a lo mejor era Talía disfrazada, pues la obra se transmitió por televisión.
Por el éter celeste nadan las ondas electromagnéticas y nada mejor que Celeste Mendoza para animar un fiestón.
De astros y constelaciones aprendí mucho en el colegio, como no iba a ser, si mi compañera se llamaba Urania.

Solo me quedan dos que no he nombrado, pues, al fin y al cabo, esto ERATO do lo que tenía en el cacumen
La otra musa huérfana y pobre quedó, pues no encontré palabra elegante que rimara con POLIMNIA
Dicen que mentir a veces conviene, pero acusar a todos los moros de terroristas eso ya es calumnia.
Aquí tienen pues, a las musas griegas, hijas de Zeus y Mnemósine. Nueve son, en resumen.  


[1] Hablar carburo: Hablar tonterías
[2] Pipil: Se dice del indígena precolombino, descendiente directo de los aztecas, que habitaba en el occidente de El Salvador.
[3] Chilillo: Tallo deshojado de arbusto, Verga de toro.
[4] Pendejo: Tonto, inocente
[5] Atecozol: Balneario en el departamento occidental de Sonsonate/El Salvador.
[6] Coyol: Fruto de una variedad de palmera. Testículo.
[7] El Puerto de La Libertad es uno de los centros turísticos más populares de El Salvador debido a la cercanía con la capital del país.
[8] Pisto: Dinero
[9] Guaguancó: Variedad de rumba cubana
[10] Guanaco: De origen salvadoreño. 

sábado, 26 de agosto de 2017

Bailando entre querubines


Bailando entre querubines


Dedicado a “Katxito”



Rema remo en el mar de la fantasía hasta encontrar la rima alegre que calce con Katxa

Aquella joven encinta que un día de estío bailó descalza ritmos exóticos en un Txoco[1] de la montaña

Cargando en su vientre un catxito de luz de Aldebarán sin saber que la melodía era  un cha-cha-cha   

Y ya me diréis, vosotras madres universales, si traer vida al mundo no es una gran hazaña.



Ahí estaban los niños, cantando en silencio, tal coro de querubines, la llegada de otro querube

Cita de ángeles fortuita en un anfiteatro al aire libre transformado en gigante y hermosa ventana

Cielo azul añil como el de la tierra mía, infinito techo límpido como el cristal y sin ninguna nube

Los Castellets sonriendo, mostrando sus dientes de serrucho, y  allá, a lo lejos, altivo,  el Puig Campana.



Así se formó el guateque en tierras donde hay mosquitos grandes   que no provocan el dengue

Malos bichos llamados tigres, chupa sangres tropicales,  dípteros molestosos causantes del chikungunya

Entonces, para evitar que nos picaran, bailamos rumba, salsa y merengue

Declaramos  así la guerra al Aedes. Solo nos faltó bailar de Benny More su Mata Siguaraya.



Ya cité a uno de ellos, si averiguáis donde se esconden los otros nenes, os daré de premio un beso

Y aunque no soy guajiro que cultiva el monte, se chapearlo[2] como un burro y sin descanso

Solo me falta nombrar a tres, al profeta y al que la hizo de Dr. Zhivago en mis años mozos

Y , por último, la que robó a Harry Bellafonte y se largó a Venezuela. Pucha que niños más hermosos.



No he nombrado a los adultos, aunque sin ellos no habría niños, y la vida sería fría como la horchata

El buen tacto y la sensibilidad son ingredientes que no deben faltar en el convivir y en la danza

El son es Afrocubano y creedme  lo que aquí afirmo: No hay mejor dieta para que no crezca la panza

Que la rumba,  merengue o guaguancó y si queréis estimular las hormonas, pues ahí tenéis  la bachata. 



[1] Txoco: rincón en euskera
[2] Chapear: desbrozar

sábado, 22 de julio de 2017

El complejo universo de las relaciones sociales

El complejo universo de las relaciones sociales

Recordando al Gordo Regalado y a Foncho Rico

Motivado por un mensaje corto recibido vía WhatsApp, en el cual se me transmitía la nueva dimensión del ser y estar de un amigo común, entré expedito a la aplicación Facebook Messenger, para felicitarlo por el ingreso al Club de los Abuelos Chochos. Su respuesta llegó tan rápida como la luz. Y así, gracias a la tecnología digital del siglo XXI, mi amigo y yo pudimos mantener una corta conversación de voz y video.  Él en New Jersey y yo en la precordillera de la Selva Negra.

Mi viejo amigo y yo teníamos décadas de no vernos las caras, los contornos, en fin, todo aquello material, corruptible que merma con el implacable pasar del tiempo. Ni él ni yo podíamos ocultar las huellas de la vida vivida en nuestros cuerpos. Solo su mirada seguía siendo la misma, esa que siempre transmitió alegría, confianza y respeto. Viéndolo hablar pausadamente, así como hablan los hombres cuando se ponen mayores, pude constatar que él siempre habló así, es decir, como un hombre maduro.

Los bayuncos[1] y jodarrias[2] en la adolescencia temprana y madura fuimos otros. Foncho Rico era uno de los más talentosos en la materia y yo nunca me quedé atrás. Nuestro amigo, el bueno de Sancho Panza, nuestro querido Gordo Regalado nos aguantaba y toleraba todo con la paciencia infinita que solo los abuelos pueden tener con sus nietos.

Solo fueron dos o tres minutos lo que duró la conversación, pero toda una vida pasó por mi mente. Comprendí entonces la sutil diferencia entre viejos amigos, amigos viejos y viejos conocidos que nunca llegaron a ser verdaderos amigos.

Pensando en el Gordo y el Flaco, la famosa pareja dispareja de cómicos del cine mudo de los años veinte del siglo pasado, llegué a la conclusión que la amistad es una categoría especial en el complejo universo de las relaciones sociales y que los mejores dúos, tríos, cuartetos o quintetos son aquellos en los que las cualidades, virtudes y características individuales   de cada uno de los integrantes se suman y se complementan dialécticamente. 

En los tiempos de la guerra revolucionaria en el paisito que me vio nacer, entre guindas[3] y tareas político-militares, aprovechaba el tiempo lucubrando ideas y pensamientos acerca de las relaciones sociales del hombre en sociedad. Pensaba entonces – y sigo pensando–  que la amistad, la verdadera, es el resultado final de un proceso dialéctico de desarrollo social entre los humanos. Cuando los hombres interactúan, establecen para bien o para mal, relaciones sociales con características particulares.

Las relaciones pueden ser parciales, integrales, armónicas o discrepantes, siendo común a todas, la capacidad y voluntad de dar y recibir de los sujetos en cuestión; es decir, la asunción tácita de una “win-win situation” o del principio económico de quid pro quo.  Definía entonces el término de Relación Integral, en aquellos días de paz en la guerra, como la relación social, en la cual convergen intereses comunes tales como la satisfacción de necesidades materiales, emocionales, deportivas, culturales, adicciones, utopías, planes de vida, conceptos de vida o visiones del mundo.

Así como no es posible ser hombre en la soledad absoluta, tampoco es posible alcanzar la armonía absoluta. Sin embargo, la construcción de las relaciones interpersonales solamente puede darse en convivencia, aunque ésta lleve consigo los problemas propios al compartir el espacio-tiempo con otras personas.   

La armonía relativa no implica necesariamente ausencia de contradicciones en el dinámico mundo de las relaciones sociales. Puesto que siendo las relaciones entre los humanos uno de los procesos sociales más complejos existentes, las contradicciones forman parte de la dialéctica misma del desarrollo de las relaciones sociales. Y esa realidad no debería asustarnos ni sorprendernos.  Ahora bien, una relación social no puede llamarse integral cuando existe en alguno de sus niveles (sexual, político, social, ideológico, intelectual, económico, religioso, personal, etc.)  una contradicción antagónica o también en el caso cuando no reine un equilibrio ponderado, es decir, donde la asimetría en la relación es tal, que la balanza tiende a inclinarse permanentemente hacia un lado.

Por otra parte, una relación de amistad que no sea integral o que no sepa resolver las contradicciones secundarias o terciarias a tiempo, está condenada, inevitablemente, a desaparecer. Por el contrario, toda relación integral con capacidad cognitiva y emocional para resolver los conflictos, es decir, tener la valentía de decir lo siento o pedir perdón, tiene todas las probabilidades y posibilidades de desarrollarse y mantenerse viva en el tiempo-espacio. En todo caso no está demás reiterar que la amistad – la verdadera– presupone simpatía, empatía, solidaridad, sinceridad, transparencia, honestidad, respeto y cariño mutuo, y, además, una porción XXL de paciencia, aceptación y tolerancia.

Por eso no es de extrañar, que en el camino vayan quedando atrás amistades que no germinaron y se marchitaron con el correr del tiempo. De esta manera, vamos dejando atrás a vecinos que creíamos amigos y a viejos conocidos que creíamos amigos y a viejos amigos que creíamos amigos, no pocas veces con lágrimas en los ojos y tristeza en el corazón. Algunas amistades experimentan con los años, meses, semanas e incluso días, su punto de ruptura . Pero así es la vida y nadie se muere por eso.

La amistad, entendida ésta como una dimensión especial de las relaciones sociales, no puede ni debe ser forzada ni someterse a reglas o reglamentos pre establecidos por las partes en cuestión. En este sentido, mis amigos son como árboles gigantes que han ido creciendo libres en el sendero común recorrido, sin corsés ni ataduras ni condiciones ni expectativas de ninguna clase.

Y ahí están, mis queridos viejos amigos de aquí y de allá, embelleciendo mi jardín. Y por ahí y por allá están brotando nuevas buganvilias y nuevos almendros valencianos.  



[1] Bayunco: Jocoso, quien hace payasadas o bufonadas
[2] Jodarria: Chacoteros
[3] Guinda: Retirada de fuerzas vivas y población civil durante una ofensiva militar enemiga

miércoles, 5 de abril de 2017

San Salvador en los años del Rock and Roll

San Salvador en los años del Rock and Roll


“Sometimes i get to feeling, i was back in the old days, long ago. When we were kids when we were young things seemed so perfect, you know” Queen

La primera vez que vi bailar rock and roll en vivo y en directo todavía no cumplía los 7 años. No fue, como podría suponerse, en una fiesta, en el cine o en la televisión, sino que en la propia casa de Tuco y Tico. ¿Alguien recuerda a esa pareja de bailarines? No sé si serían hermanos o simplemente fueron dos buenos cheros – amigos –; pero bailando parecían gemelos. El  sentido del ritmo y de la música rocanrolera les corría por las venas.  

“The days were endless, we were crazy we were young, the sun was always shining we just lived for fun”

Tuco y Tico eran famosos en el barrio Candelaria. Vivían al frente de la casa de mi abuela, situada a unos metros del cuartel antiguo de la Guardia Nacional en la calle Modelo.  En realidad la casa no era ni de mi abuela ni de mi tío, ellos vivían de alquiler. Tener casa en aquellos días era un lujo asiático. ¿Pero de quien eran esas casas? , me pregunto yo ahora.  Era una casa grande, estilo español con un jardín al centro y muchas plantas tropicales, y, además, con agua potable y luz eléctrica. El jardín me fascinaba. Era mi “selva privada”. Ahí entre los helechos gigantes y los “Pies de León”, me pasaba las horas jugando con mi camioncito de tolva, abriendo hoyos y construyendo carreteras de fantasía hasta que escuchaba la voz de un niño exclamando en el parlante: “See you later Alligator”. Entonces salía corriendo como Speedy González a ver ensayar los números artísticos de Tuco y Tico. Yo no era el único mocoso que admiraba las piruetas y los pasos de aquellos formidables artistas en ciernes al compás de Bill Haley y sus Cometas.  

“The bad things in life were so few”

En la vecindad se respiraba la pobreza, pero la gente hacía de todo, vendía de todo, se reparaba todo para que en la mesa no faltara la comida.  Claro que también había tacuaches – ladrones de poca monta – en las esquinas, sin embargo, las muertes por homicidio, que sí las hubo, eran pocas– en comparación con la situación actual – que cuando ocurrían, eran noticia de primera plana en los tres periódicos más importantes del país.  En esos días del rock and roll, la única violencia organizada existente era la de la Guardia Nacional, la de la Policía Nacional y la de la Policía de Hacienda. Más tarde entraron al terreno de operaciones la organización paramilitar conocida por sus siglas, ORDEN (Organización Democrática Nacionalista), y la Agencia Nacional de Seguridad Salvadoreña (ANSESAL). Estos eran los encargados de mantener la “paz y el orden” heredados de la dictadura de Maximiliano Hernández Martínez en la década de los 30 y la de vigilar a la “subversión comunista” y, dado el caso, eliminarla físicamente en nombre de la democracia oligárquica cafetalera. Sin embargo, quienes salían de su casa por diversión, por trabajo o simplemente a vagar sin rumbo, estos no lo hacían con el miedo o con el temor a no regresar sanos y salvos.

“Those days are all gone now.”

Como un “Tom Sayer” criollo salía a recorrer mi barrio y los alrededores sin compañía alguna. Mi  “Misisipi” fue el rio Acelhuate. Ahí me divertí lanzándole piedras a los ávidos Zopes – zopilotes–que se peleaban entre sí por las tripas de un cadáver de perro callejero sin pedigrí. Así conocí las calles y los callejones de la Colonia Ferrocarril, las del barrio El Calvario y las de La Vega, lugares donde hoy en día la vida vale menos que un comino. En aquellos días andar a pie, además de ser un buen ejercicio corporal, era también una forma de conocer la capital y por supuesto, un método de ahorro muy efectivo, sobre todo tratándose del bolsillo de un niño comenzando la edad del pavo. Eso sí, había que estar siempre en guardia y muy alerta para detectar a los malandrines. En aquel entonces todavía no existía el crimen organizado y las  “maras antiguas” eran simplemente un grupo de imberbes que trataban de imitar a las bandas juveniles gringas al estilo de “Rebelde sin Causa” o “West   Side Story”. Ni siquiera las “maras antiguas” más agresivas, como la de San Jacinto, la del barrio La Vega, la de Mejicanos, la de Villa Delgado o la del barrio Santa Anita con sus “puntas” (navajas), “manoplas” y “aspirómetros” (cable de acero), ni todas juntas, alcanzaron el grado de criminalidad y letalidad de las actuales.
Los días de la “paz relativa oligárquica” en El Salvador se fueron, sin darnos cuenta, con la guerra civil y el surgimiento de las pandillas criminales y el narcotráfico, así se fue también nuestra infancia, niñez y juventud.   Lo que quedó después fue una tendalada de cadáveres, la rabia amarga y la tristeza profunda. 

“Because these are the days of our lives. They have flown in the swiftness of time. These days are all gone now but some things remain. When I look and I find no change.”

El Salvador del siglo XXI ha cambiado mucho en relación al paisito aquel que me vio nacer y crecer. Hay muchas carreteras nuevas y los centros comerciales al estilo americano crecen como hongos tropicales, pero para alguien que vivió su infancia y adolescencia en lo que hoy en día es el centro de la vorágine de la violencia marera, las cosas poco han cambiado sustancialmente en la nación cuscatleca.
Más no crea, estimado lector, que estas líneas las escribe un melancólico sexagenario que sueña con el pasado y que además lo idealiza. El problema en El Salvador es que, objetivamente, la correlación de fuerzas socio-económicas no está a favor de Juan Pueblo. A él, con tantos malls y high ways, le han colocado un traje de smocking primermundista que le oculta los “cánceres, caspas, shuquedades, llagas, fracturas, tembladeras y tufos”, que hace décadas diagnosticó Roque Dalton en su poema: El salvador será”.  La violencia es solo uno de esos cánceres.   Los “Tom Sawyer” o los “Oliver Twist” son una enfermedad endémica en las sociedades donde reina la injusticia social. En esto El Salvador no ha cambiado mucho; pareciera como si el tiempo se hubiera detenido.

 “Those days are all gone now but one thing is still true. When I look and I find I still love you.”

A pesar de todas las vicisitudes vividas en aquellos años, cuando se estilaba el bucle engominado a lo Elvis Presley, el balance es positivo. Ya no podemos hacer la “caída de la hoja” de Tuco y Tico, pues cualquier intento, atentaría contra la salud. Sin embargo, el recuerdo de San Salvador en los años del Rock and Roll todavía siguen tan fresco y colorido como el “Tutti Frutti” de Ricardito.
Roque Dalton escribió lo siguiente en su poema Todos: “Todos nacimos medios muertos en 1932, sobrevivimos, pero medios vivos.” Y yo diría, parafraseando al poeta, que los salvadoreños renacimos en los 60, crecimos en los 70, nos desarrollamos en los 80   y volvimos a nacer medios muertos en 1992, sobrevivimos, pero medios vivos. ¿Cuándo volveremos a renacer?  


Y aquí me tienen ahora, pues, con una matata – morral– al hombro llena de tiempos y espacios, asumiendo la vejez como un proceso natural, pero todavía rodando optimista por la montaña rusa de la vida, like a Rolling Stone, para que el moho del conformismo, conservadurismo y pasotismo no nos corroa el alma y el pensamiento. 

miércoles, 15 de marzo de 2017

Los dolores que provocan los dólares en El Salvador

Los dolores que provocan los dólares en El Salvador


Hace un par de años tuve la oportunidad de conocer y conversar con una compatriota, originaria del Congo, un cantón del departamento de Santa Ana. Había llegado a Alemania junto con su hijita en el marco de la ayuda humanitaria “Corazón Alemán”, proyecto promovido e impulsado por un catedrático de la Clínica de la Universidad de Friburgo en colaboración con el hospital Benjamín Bloom en San Salvador. La pequeña había sido intervenida quirúrgicamente debido a una enfermedad congénita cardiovascular, sin la cual la esperaba una muerte segura. La intervención a corazón abierto había transcurrido exitosamente y la niña guardaba reposo en la unidad de cuidados intensivos.

Como parte de un grupo de colaboradores hispano parlantes, mi labor en esos momentos era la de traducir, atender a las necesidades de la madre y acompañarla en esos momentos angustiosos, en que La Pelona, consciente de la complejidad de la operación, seguía deambulando en los corredores del hospital de niños esperando llevarse el alma de la cipotía.

Fue precisamente en esa ocasión que constaté que la dolarización oficial de la economía salvadoreña a partir del año 2001 no solamente elevó el índice de coste de vida, sino que también corrompió el lenguaje popular salvadoreño. Tan alto está el costo de la canasta familiar en la actualidad que tener un par de huevos puede costar hasta la vida.  En El Salvador, cuando se es pobre, es decir, cuando no se tiene empleo o no se cuenta con un familiar que subvencione la canasta familiar con periódicas remesas de dólares, los dolores van desde los de cabeza, pasando por los del estómago hasta llegar a los de los pies. Y, ¿qué decir de los indigentes?

¿Cuánto cuesta una pupusa? – pregunté a la joven madre, pensando en el índice Bic Mac.  Un “cora” – respondió, con la fluidez y soltura de alguien que está 100% seguro de lo que está diciendo.  ¿Un qué? – riposté consternado, pues la paisana me había agarrado en curva. El mencionado “cora” resultó ser ni más ni menos que un cuarto de dólar.

Si la pupusa, el plato típico por excelencia en la cultura salvadoreña y, además, el más popular, costaba en ese entonces un “cora”, es decir, 25 centavos de dólar, ¿Cuánto costaría el frijol, el arroz, la leche, el transporte y la vivienda? ¿O una compleja operación a corazón abierto?

La dolarización de la economía salvadoreña, que dicho sea de paso se está transformando en un “socialismo sui generis”, a decir de la dirigencia del FMLN, no ha contribuido hasta la fecha al crecimiento sustancial de la misma. La dependencia de las remesas, principalmente las que llegan de los Estados Unidos, donde  trabaja de manera legal e ilegal más de un millón de salvadoreños, es tal, que cualquier retorcijón de tripas económico provocado por la falta de empleo en los Estados Unidos, o por las medidas anti extranjeros  y proteccionistas que está impulsando la administración de Donald Trump, pueden provocar una churria –diarrea–  macro y micro económica  mucho más complicada y peligrosa que la provocada por la ingestión de pupusas contaminadas con virus  o bacterias.

Medardo González, otrora Comandante Milton de las Fuerzas Populares de Liberación Farabundo Martí, una de las organizaciones político-militares más radicales –en sus inicios lucharon y murieron por un socialismo proletario–, y actual secretario general del FMLN, expresó en cierta ocasión que su partido está luchando por un socialismo propio, tan guanaco “como las pupusas de loroco”.  

¡No sé qué le hubiera ocurrido al ex comandante Milton, si en los años setenta y principios de los ochenta del siglo pasado se le hubiera ocurrido postular por ”el socialismo con sabor a pupusa de loroco”! Seguramente lo hubieran descuartizado –ideológicamente hablando– sus mismos camaradas del Comando Central y con sus vísceras hubieran preparado uno de los platos más típicos y populares: Yuca con fritada, el hermano mellizo de las famosas pupusas.

La santaneca y su hija regresaron después de unos días y aunque su visita en estas tierras no tuvo nada que ver con la dolarización ni con las debilidades macroeconómicas nacionales, el encuentro me trajo a la memoria aquellos años, en la década de los 60, en que uno podía hartarse de pupusas con un colón salvadoreño o comprar con un tostón (50 centavos) yuca con chicharrones en el Mercado Central y todavía sobraba para beberse una Pilsener bien helada.

Cada época tiene su propio sello y ya que en la vida todo cambia para bien o para mal, no es extraño que cambie la moneda y su valor. Lo que si llama la atención es que un gobierno que proclama ser de izquierdas y gestor del “socialismo guanaco”, mantenga todavía la ley de integración monetaria impuesta por el partido derechista de ARENA, a pesar del carácter antipopular de la misma. Sin duda alguna, muchas cosas han mejorado en El Salvador, sobre todo en la dimensión política; pero después de la tertulia   meramente anecdótica con la paisana, para mí quedó diáfanamente claro que a nivel socio-económico las cosas han empeorado para los sectores sociales con menor poder adquisitivo.


Escuchando a la joven madre salvadoreña relatar las adversidades que sufren los “tristes más tristes del mundo” en el campo y la ciudad en El Salvador del siglo XXI, percibí los dolores que provocan los dólares, sobre todo cuando no se tiene la cantidad suficiente y necesaria para resolver los problemas económicos del día a día.  

martes, 13 de diciembre de 2016

El destino de la revolución solo está en manos del pueblo cubano

Ahora que Fidel Castro Ruz ha muerto, diez años más tarde de lo que los detractores de la revolución cubana hubieran deseado, las preguntas siguen siendo las mismas: ¿Qué pasará en Cuba?, ¿Se derrumbará la revolución al estilo de la Unión Soviética en 1991?
La burguesía cubana radicada en Miami y los sectores más duros de la política exterior del gobierno de los Estados Unidos todavía albergan la esperanza que algún día no tan lejano, la Habana vuelva a ser lo que fue en el pasado antes de la llegada de Fidel Castro al poder en 1959:  El centro de operaciones de Charly “Lucky” Luciano, Santo Trafficante Sr., Meyer Lansky y otros mafiosos de poca monta, y el antro de la prostitución.

Obcecados en derrotar a la revolución cubana lo han intentado todo. Absolutamente todo. Empezando por el bloqueo comercial, político y diplomático, pasando por la invasión militar en Bahía de Cochinos hasta conjurar y atentar contra la vida de ciudadanos cubanos con actos terroristas y culminar con los planes de la CIA para asesinar al Comandante en Jefe.
¿Qué ha dejado de hacer la burguesía cubana y el gobierno de los Estados Unidos para derrotar a la revolución cubana?

Nada. Pero ni a las malas ni a las buenas lo han logrado.  No obstante, la amenaza es permanente.  

«No se puede confiar en el imperialismo, pero, ni tantico así», exclamó categórico Ernesto Guevara en 1961 y mucha razón tenía el Che. No se puede confiar en nada y nadie. Ni en los cantos de sirenas neoliberales ni en las Circes socialdemócratas que prometen el vellocino de oro a cambio de olvidar la epopeya del Pico Turquino, que es el símbolo del esfuerzo y la perseverancia de un pueblo por alcanzar su verdadera independencia.  Es el símbolo de la revolución.

 Eso lo sabía Fidel y los que lucharon con él.  Hay que estar siempre alerta, pues el enemigo brutal no duerme. Por esa razón, el jefe de la revolución cubana fue claro y explícito el 17 de noviembre del 2005 en su mensaje a los estudiantes universitarios de la Habana, cuando apeló a la audiencia ahí presente a reflexionar dialécticamente acerca de las siguientes hipótesis: “¿Es que las revoluciones están llamadas a derrumbarse, o es que los hombres pueden hacer que las revoluciones se derrumben?  ¿Pueden o no impedir los hombres, puede o no impedir la sociedad que las revoluciones se derrumben?  Podía añadirles una pregunta de inmediato.  ¿Creen ustedes que este proceso revolucionario, socialista, puede o no derrumbarse?  (Exclamaciones de: “¡No!”)  ¿Lo han pensado alguna vez?  ¿Lo pensaron en profundidad?”.

Efectivamente, las revoluciones pueden derrumbarse. Incluso la cubana.

Cuba no es la Unión Soviética

En ese mismo discurso Fidel hace un repaso histórico del desarrollo de las ideas de Carlos Marx, Federico Engels y Lenin vistos desde la perspectiva dialéctica del desarrollo de la sociedad. Con sentido crítico comenta Fidel en su discurso que: “Se pierde todo el sentido dialéctico cuando alguien cree que esa misma economía de hoy es igual a la de hace 50 años, o hace 100 años, o hace 150 años, o es igual a la época de Lenin, o a la época de Carlos Marx”.

También habló Fidel de los errores cometidos en la construcción del socialismo, los propios y los ajenos.  Explícitamente se refirió a los cometidos por los revolucionarios bolcheviques, sin mencionar nombres, pues, al fin y al cabo, a buen entendedor pocas palabras bastan. Pero el avezado lector sabe a quién se refiere.

La afirmación que Cuba no es la Unión Soviética no es antojadiza ni voluntarista. La historia político-económica, social y multicultural de la Unión Soviética es muy diferente a la de Cuba y, por consiguiente, las características particulares de la revolución fidelista – guerra de guerrillas y toma del poder – son únicas y no pueden compararse con los de la revolución de octubre y su posterior desarrollo. Más allá de lo común – ideología, partido único, propiedad social a través del estado de los medios de producción y la aspiración por construir el socialismo – Cuba no es la Unión Soviética.  Cuba es Fidel y además, una isla.  

El fracaso del proyecto histórico “revolución socialista bolchevique” o, dicho en otras palabras, el triunfo de la contrarrevolución burguesa internacional en la Unión Soviética, no se debió solamente a la incapacidad política de las máximas autoridades o al “reformismo” de Mijaíl Gorbachov, sino esencialmente a la acumulación de errores político-económicos e ideológicos al interior del partido comunista soviético a partir de la muerte de Lenin en 1924.  Errores tácticos y estratégicos que no se supieron corregir a tiempo.

Por otra parte, el derrumbe del “modelo soviético de desarrollo al socialismo”, demostró que la teoría marxista, y la leninista acerca del Estado y la Revolución no pueden aplicarse mecánicamente como si se tratara de un recetario de cocina. Tanto la teoría como la experiencia de las revoluciones socialistas son simplemente una guía para la acción revolucionaria, pero no la fórmula mágica para resolver los problemas que genera la lucha de clases a nivel nacional e internacional. Por lo tanto, la aplicación dialéctica de la teoría revolucionaria en los momentos concretos de desarrollo de la lucha de clases no tiene nada que ver con revisionismo político-ideológico, sino más bien con el verdadero quehacer político revolucionario.

¿Cómo evitar un posible derrumbe?

Una de las formas para evitar la involución o reversión de la revolución – así lo postuló Fidel– es la corrección a tiempo de errores en el trabajo de partido y en la administración del estado, la rectificación de tendencias económicas que conducen a modelos de desarrollo capitalistas y la puesta en marcha de medidas adecuadas para evitar la corrupción, el despilfarro, el subterfugio, la mentira, los privilegios y la malversación de los bienes públicos.

Pero, además, Fidel añade en su discurso un elemento esencial en la construcción del socialismo: La ética revolucionaria. Muchos de los abusos de poder, la corrupción y los privilegios derivan de la ausencia de ética revolucionaria y falta de conciencia de clase. Aunque también apostilla que no son solamente problemas derivados de la falta de ética revolucionaria de funcionarios de gobierno y miembros del partido, sino que también son causa y efecto de un problema económico todavía no resuelto.   Fidel está consciente que el desarrollo de las fuerzas productivas tiene que corresponderse con un desarrollo económico integral del modo de producción socialista. Pero Fidel también deja claro en su discurso lo que él no quiere para Cuba: Un desarrollo capitalista de las relaciones de producción.

Es precisamente en este punto neurálgico sobre el cual dependen y dependerán todos los acuerdos y tratados comerciales bilaterales con los Estados Unidos y la Unión Europea.  Parafraseando a Rosa Luxemburg podría decirse que el dilema de la sociedad cubana en el futuro mediato será elegir entre avanzar hacia la meta socialista o regresar a la barbarie capitalista.  Esta será la encrucijada en los próximos años en Cuba: Socialismo o renunciar a la herencia de Fidel y el Che (El legado de Fidel y el Che). En Cuba la suerte todavía no está echada.


En todo caso, sea cual fuera la opción – revolución o involución – que el pueblo elija, lo que sí quedó bien claro en el discurso del 17 de noviembre del 2005 es que el único sujeto histórico que puede hacer sucumbir la revolución cubana es el pueblo cubano. Es decir, que el destino de la revolución solo está en manos del pueblo cubano y de nadie más.