sábado, 22 de julio de 2017

El complejo universo de las relaciones sociales

El complejo universo de las relaciones sociales

Recordando al Gordo Regalado y a Foncho Rico

Motivado por un mensaje corto recibido vía WhatsApp, en el cual se me transmitía la nueva dimensión del ser y estar de un amigo común, entré expedito a la aplicación Facebook Messenger, para felicitarlo por el ingreso al Club de los Abuelos Chochos. Su respuesta llegó tan rápida como la luz. Y así, gracias a la tecnología digital del siglo XXI, mi amigo y yo pudimos mantener una corta conversación de voz y video.  Él en New Jersey y yo en la precordillera de la Selva Negra.

Mi viejo amigo y yo teníamos décadas de no vernos las caras, los contornos, en fin, todo aquello material, corruptible que merma con el implacable pasar del tiempo. Ni él ni yo podíamos ocultar las huellas de la vida vivida en nuestros cuerpos. Solo su mirada seguía siendo la misma, esa que siempre transmitió alegría, confianza y respeto. Viéndolo hablar pausadamente, así como hablan los hombres cuando se ponen mayores, pude constatar que él siempre habló así, es decir, como un hombre maduro.

Los bayuncos[1] y jodarrias[2] en la adolescencia temprana y madura fuimos otros. Foncho Rico era uno de los más talentosos en la materia y yo nunca me quedé atrás. Nuestro amigo, el bueno de Sancho Panza, nuestro querido Gordo Regalado nos aguantaba y toleraba todo con la paciencia infinita que solo los abuelos pueden tener con sus nietos.

Solo fueron dos o tres minutos lo que duró la conversación, pero toda una vida pasó por mi mente. Comprendí entonces la sutil diferencia entre viejos amigos, amigos viejos y viejos conocidos que nunca llegaron a ser verdaderos amigos.

Pensando en el Gordo y el Flaco, la famosa pareja dispareja de cómicos del cine mudo de los años veinte del siglo pasado, llegué a la conclusión que la amistad es una categoría especial en el complejo universo de las relaciones sociales y que los mejores dúos, tríos, cuartetos o quintetos son aquellos en los que las cualidades, virtudes y características individuales   de cada uno de los integrantes se suman y se complementan dialécticamente. 

En los tiempos de la guerra revolucionaria en el paisito que me vio nacer, entre guindas[3] y tareas político-militares, aprovechaba el tiempo lucubrando ideas y pensamientos acerca de las relaciones sociales del hombre en sociedad. Pensaba entonces – y sigo pensando–  que la amistad, la verdadera, es el resultado final de un proceso dialéctico de desarrollo social entre los humanos. Cuando los hombres interactúan, establecen para bien o para mal, relaciones sociales con características particulares.

Las relaciones pueden ser parciales, integrales, armónicas o discrepantes, siendo común a todas, la capacidad y voluntad de dar y recibir de los sujetos en cuestión; es decir, la asunción tácita de una “win-win situation” o del principio económico de quid pro quo.  Definía entonces el término de Relación Integral, en aquellos días de paz en la guerra, como la relación social, en la cual convergen intereses comunes tales como la satisfacción de necesidades materiales, emocionales, deportivas, culturales, adicciones, utopías, planes de vida, conceptos de vida o visiones del mundo.

Así como no es posible ser hombre en la soledad absoluta, tampoco es posible alcanzar la armonía absoluta. Sin embargo, la construcción de las relaciones interpersonales solamente puede darse en convivencia, aunque ésta lleve consigo los problemas propios al compartir el espacio-tiempo con otras personas.   

La armonía relativa no implica necesariamente ausencia de contradicciones en el dinámico mundo de las relaciones sociales. Puesto que siendo las relaciones entre los humanos uno de los procesos sociales más complejos existentes, las contradicciones forman parte de la dialéctica misma del desarrollo de las relaciones sociales. Y esa realidad no debería asustarnos ni sorprendernos.  Ahora bien, una relación social no puede llamarse integral cuando existe en alguno de sus niveles (sexual, político, social, ideológico, intelectual, económico, religioso, personal, etc.)  una contradicción antagónica o también en el caso cuando no reine un equilibrio ponderado, es decir, donde la asimetría en la relación es tal, que la balanza tiende a inclinarse permanentemente hacia un lado.

Por otra parte, una relación de amistad que no sea integral o que no sepa resolver las contradicciones secundarias o terciarias a tiempo, está condenada, inevitablemente, a desaparecer. Por el contrario, toda relación integral con capacidad cognitiva y emocional para resolver los conflictos, es decir, tener la valentía de decir lo siento o pedir perdón, tiene todas las probabilidades y posibilidades de desarrollarse y mantenerse viva en el tiempo-espacio. En todo caso no está demás reiterar que la amistad – la verdadera– presupone simpatía, empatía, solidaridad, sinceridad, transparencia, honestidad, respeto y cariño mutuo, y, además, una porción XXL de paciencia, aceptación y tolerancia.

Por eso no es de extrañar, que en el camino vayan quedando atrás amistades que no germinaron y se marchitaron con el correr del tiempo. De esta manera, vamos dejando atrás a vecinos que creíamos amigos y a viejos conocidos que creíamos amigos y a viejos amigos que creíamos amigos, no pocas veces con lágrimas en los ojos y tristeza en el corazón. Algunas amistades experimentan con los años, meses, semanas e incluso días, su punto de ruptura . Pero así es la vida y nadie se muere por eso.

La amistad, entendida ésta como una dimensión especial de las relaciones sociales, no puede ni debe ser forzada ni someterse a reglas o reglamentos pre establecidos por las partes en cuestión. En este sentido, mis amigos son como árboles gigantes que han ido creciendo libres en el sendero común recorrido, sin corsés ni ataduras ni condiciones ni expectativas de ninguna clase.

Y ahí están, mis queridos viejos amigos de aquí y de allá, embelleciendo mi jardín. Y por ahí y por allá están brotando nuevas buganvilias y nuevos almendros valencianos.  



[1] Bayunco: Jocoso, quien hace payasadas o bufonadas
[2] Jodarria: Chacoteros
[3] Guinda: Retirada de fuerzas vivas y población civil durante una ofensiva militar enemiga

miércoles, 5 de abril de 2017

San Salvador en los años del Rock and Roll

San Salvador en los años del Rock and Roll


“Sometimes i get to feeling, i was back in the old days, long ago. When we were kids when we were young things seemed so perfect, you know” Queen

La primera vez que vi bailar rock and roll en vivo y en directo todavía no cumplía los 7 años. No fue, como podría suponerse, en una fiesta, en el cine o en la televisión, sino que en la propia casa de Tuco y Tico. ¿Alguien recuerda a esa pareja de bailarines? No sé si serían hermanos o simplemente fueron dos buenos cheros – amigos –; pero bailando parecían gemelos. El  sentido del ritmo y de la música rocanrolera les corría por las venas.  

“The days were endless, we were crazy we were young, the sun was always shining we just lived for fun”

Tuco y Tico eran famosos en el barrio Candelaria. Vivían al frente de la casa de mi abuela, situada a unos metros del cuartel antiguo de la Guardia Nacional en la calle Modelo.  En realidad la casa no era ni de mi abuela ni de mi tío, ellos vivían de alquiler. Tener casa en aquellos días era un lujo asiático. ¿Pero de quien eran esas casas? , me pregunto yo ahora.  Era una casa grande, estilo español con un jardín al centro y muchas plantas tropicales, y, además, con agua potable y luz eléctrica. El jardín me fascinaba. Era mi “selva privada”. Ahí entre los helechos gigantes y los “Pies de León”, me pasaba las horas jugando con mi camioncito de tolva, abriendo hoyos y construyendo carreteras de fantasía hasta que escuchaba la voz de un niño exclamando en el parlante: “See you later Alligator”. Entonces salía corriendo como Speedy González a ver ensayar los números artísticos de Tuco y Tico. Yo no era el único mocoso que admiraba las piruetas y los pasos de aquellos formidables artistas en ciernes al compás de Bill Haley y sus Cometas.  

“The bad things in life were so few”

En la vecindad se respiraba la pobreza, pero la gente hacía de todo, vendía de todo, se reparaba todo para que en la mesa no faltara la comida.  Claro que también había tacuaches – ladrones de poca monta – en las esquinas, sin embargo, las muertes por homicidio, que sí las hubo, eran pocas– en comparación con la situación actual – que cuando ocurrían, eran noticia de primera plana en los tres periódicos más importantes del país.  En esos días del rock and roll, la única violencia organizada existente era la de la Guardia Nacional, la de la Policía Nacional y la de la Policía de Hacienda. Más tarde entraron al terreno de operaciones la organización paramilitar conocida por sus siglas, ORDEN (Organización Democrática Nacionalista), y la Agencia Nacional de Seguridad Salvadoreña (ANSESAL). Estos eran los encargados de mantener la “paz y el orden” heredados de la dictadura de Maximiliano Hernández Martínez en la década de los 30 y la de vigilar a la “subversión comunista” y, dado el caso, eliminarla físicamente en nombre de la democracia oligárquica cafetalera. Sin embargo, quienes salían de su casa por diversión, por trabajo o simplemente a vagar sin rumbo, estos no lo hacían con el miedo o con el temor a no regresar sanos y salvos.

“Those days are all gone now.”

Como un “Tom Sayer” criollo salía a recorrer mi barrio y los alrededores sin compañía alguna. Mi  “Misisipi” fue el rio Acelhuate. Ahí me divertí lanzándole piedras a los ávidos Zopes – zopilotes–que se peleaban entre sí por las tripas de un cadáver de perro callejero sin pedigrí. Así conocí las calles y los callejones de la Colonia Ferrocarril, las del barrio El Calvario y las de La Vega, lugares donde hoy en día la vida vale menos que un comino. En aquellos días andar a pie, además de ser un buen ejercicio corporal, era también una forma de conocer la capital y por supuesto, un método de ahorro muy efectivo, sobre todo tratándose del bolsillo de un niño comenzando la edad del pavo. Eso sí, había que estar siempre en guardia y muy alerta para detectar a los malandrines. En aquel entonces todavía no existía el crimen organizado y las  “maras antiguas” eran simplemente un grupo de imberbes que trataban de imitar a las bandas juveniles gringas al estilo de “Rebelde sin Causa” o “West   Side Story”. Ni siquiera las “maras antiguas” más agresivas, como la de San Jacinto, la del barrio La Vega, la de Mejicanos, la de Villa Delgado o la del barrio Santa Anita con sus “puntas” (navajas), “manoplas” y “aspirómetros” (cable de acero), ni todas juntas, alcanzaron el grado de criminalidad y letalidad de las actuales.
Los días de la “paz relativa oligárquica” en El Salvador se fueron, sin darnos cuenta, con la guerra civil y el surgimiento de las pandillas criminales y el narcotráfico, así se fue también nuestra infancia, niñez y juventud.   Lo que quedó después fue una tendalada de cadáveres, la rabia amarga y la tristeza profunda. 

“Because these are the days of our lives. They have flown in the swiftness of time. These days are all gone now but some things remain. When I look and I find no change.”

El Salvador del siglo XXI ha cambiado mucho en relación al paisito aquel que me vio nacer y crecer. Hay muchas carreteras nuevas y los centros comerciales al estilo americano crecen como hongos tropicales, pero para alguien que vivió su infancia y adolescencia en lo que hoy en día es el centro de la vorágine de la violencia marera, las cosas poco han cambiado sustancialmente en la nación cuscatleca.
Más no crea, estimado lector, que estas líneas las escribe un melancólico sexagenario que sueña con el pasado y que además lo idealiza. El problema en El Salvador es que, objetivamente, la correlación de fuerzas socio-económicas no está a favor de Juan Pueblo. A él, con tantos malls y high ways, le han colocado un traje de smocking primermundista que le oculta los “cánceres, caspas, shuquedades, llagas, fracturas, tembladeras y tufos”, que hace décadas diagnosticó Roque Dalton en su poema: El salvador será”.  La violencia es solo uno de esos cánceres.   Los “Tom Sawyer” o los “Oliver Twist” son una enfermedad endémica en las sociedades donde reina la injusticia social. En esto El Salvador no ha cambiado mucho; pareciera como si el tiempo se hubiera detenido.

 “Those days are all gone now but one thing is still true. When I look and I find I still love you.”

A pesar de todas las vicisitudes vividas en aquellos años, cuando se estilaba el bucle engominado a lo Elvis Presley, el balance es positivo. Ya no podemos hacer la “caída de la hoja” de Tuco y Tico, pues cualquier intento, atentaría contra la salud. Sin embargo, el recuerdo de San Salvador en los años del Rock and Roll todavía siguen tan fresco y colorido como el “Tutti Frutti” de Ricardito.
Roque Dalton escribió lo siguiente en su poema Todos: “Todos nacimos medios muertos en 1932, sobrevivimos, pero medios vivos.” Y yo diría, parafraseando al poeta, que los salvadoreños renacimos en los 60, crecimos en los 70, nos desarrollamos en los 80   y volvimos a nacer medios muertos en 1992, sobrevivimos, pero medios vivos. ¿Cuándo volveremos a renacer?  


Y aquí me tienen ahora, pues, con una matata – morral– al hombro llena de tiempos y espacios, asumiendo la vejez como un proceso natural, pero todavía rodando optimista por la montaña rusa de la vida, like a Rolling Stone, para que el moho del conformismo, conservadurismo y pasotismo no nos corroa el alma y el pensamiento. 

miércoles, 15 de marzo de 2017

Los dolores que provocan los dólares en El Salvador

Los dolores que provocan los dólares en El Salvador


Hace un par de años tuve la oportunidad de conocer y conversar con una compatriota, originaria del Congo, un cantón del departamento de Santa Ana. Había llegado a Alemania junto con su hijita en el marco de la ayuda humanitaria “Corazón Alemán”, proyecto promovido e impulsado por un catedrático de la Clínica de la Universidad de Friburgo en colaboración con el hospital Benjamín Bloom en San Salvador. La pequeña había sido intervenida quirúrgicamente debido a una enfermedad congénita cardiovascular, sin la cual la esperaba una muerte segura. La intervención a corazón abierto había transcurrido exitosamente y la niña guardaba reposo en la unidad de cuidados intensivos.

Como parte de un grupo de colaboradores hispano parlantes, mi labor en esos momentos era la de traducir, atender a las necesidades de la madre y acompañarla en esos momentos angustiosos, en que La Pelona, consciente de la complejidad de la operación, seguía deambulando en los corredores del hospital de niños esperando llevarse el alma de la cipotía.

Fue precisamente en esa ocasión que constaté que la dolarización oficial de la economía salvadoreña a partir del año 2001 no solamente elevó el índice de coste de vida, sino que también corrompió el lenguaje popular salvadoreño. Tan alto está el costo de la canasta familiar en la actualidad que tener un par de huevos puede costar hasta la vida.  En El Salvador, cuando se es pobre, es decir, cuando no se tiene empleo o no se cuenta con un familiar que subvencione la canasta familiar con periódicas remesas de dólares, los dolores van desde los de cabeza, pasando por los del estómago hasta llegar a los de los pies. Y, ¿qué decir de los indigentes?

¿Cuánto cuesta una pupusa? – pregunté a la joven madre, pensando en el índice Bic Mac.  Un “cora” – respondió, con la fluidez y soltura de alguien que está 100% seguro de lo que está diciendo.  ¿Un qué? – riposté consternado, pues la paisana me había agarrado en curva. El mencionado “cora” resultó ser ni más ni menos que un cuarto de dólar.

Si la pupusa, el plato típico por excelencia en la cultura salvadoreña y, además, el más popular, costaba en ese entonces un “cora”, es decir, 25 centavos de dólar, ¿Cuánto costaría el frijol, el arroz, la leche, el transporte y la vivienda? ¿O una compleja operación a corazón abierto?

La dolarización de la economía salvadoreña, que dicho sea de paso se está transformando en un “socialismo sui generis”, a decir de la dirigencia del FMLN, no ha contribuido hasta la fecha al crecimiento sustancial de la misma. La dependencia de las remesas, principalmente las que llegan de los Estados Unidos, donde  trabaja de manera legal e ilegal más de un millón de salvadoreños, es tal, que cualquier retorcijón de tripas económico provocado por la falta de empleo en los Estados Unidos, o por las medidas anti extranjeros  y proteccionistas que está impulsando la administración de Donald Trump, pueden provocar una churria –diarrea–  macro y micro económica  mucho más complicada y peligrosa que la provocada por la ingestión de pupusas contaminadas con virus  o bacterias.

Medardo González, otrora Comandante Milton de las Fuerzas Populares de Liberación Farabundo Martí, una de las organizaciones político-militares más radicales –en sus inicios lucharon y murieron por un socialismo proletario–, y actual secretario general del FMLN, expresó en cierta ocasión que su partido está luchando por un socialismo propio, tan guanaco “como las pupusas de loroco”.  

¡No sé qué le hubiera ocurrido al ex comandante Milton, si en los años setenta y principios de los ochenta del siglo pasado se le hubiera ocurrido postular por ”el socialismo con sabor a pupusa de loroco”! Seguramente lo hubieran descuartizado –ideológicamente hablando– sus mismos camaradas del Comando Central y con sus vísceras hubieran preparado uno de los platos más típicos y populares: Yuca con fritada, el hermano mellizo de las famosas pupusas.

La santaneca y su hija regresaron después de unos días y aunque su visita en estas tierras no tuvo nada que ver con la dolarización ni con las debilidades macroeconómicas nacionales, el encuentro me trajo a la memoria aquellos años, en la década de los 60, en que uno podía hartarse de pupusas con un colón salvadoreño o comprar con un tostón (50 centavos) yuca con chicharrones en el Mercado Central y todavía sobraba para beberse una Pilsener bien helada.

Cada época tiene su propio sello y ya que en la vida todo cambia para bien o para mal, no es extraño que cambie la moneda y su valor. Lo que si llama la atención es que un gobierno que proclama ser de izquierdas y gestor del “socialismo guanaco”, mantenga todavía la ley de integración monetaria impuesta por el partido derechista de ARENA, a pesar del carácter antipopular de la misma. Sin duda alguna, muchas cosas han mejorado en El Salvador, sobre todo en la dimensión política; pero después de la tertulia   meramente anecdótica con la paisana, para mí quedó diáfanamente claro que a nivel socio-económico las cosas han empeorado para los sectores sociales con menor poder adquisitivo.


Escuchando a la joven madre salvadoreña relatar las adversidades que sufren los “tristes más tristes del mundo” en el campo y la ciudad en El Salvador del siglo XXI, percibí los dolores que provocan los dólares, sobre todo cuando no se tiene la cantidad suficiente y necesaria para resolver los problemas económicos del día a día.  

martes, 13 de diciembre de 2016

El destino de la revolución solo está en manos del pueblo cubano

Ahora que Fidel Castro Ruz ha muerto, diez años más tarde de lo que los detractores de la revolución cubana hubieran deseado, las preguntas siguen siendo las mismas: ¿Qué pasará en Cuba?, ¿Se derrumbará la revolución al estilo de la Unión Soviética en 1991?
La burguesía cubana radicada en Miami y los sectores más duros de la política exterior del gobierno de los Estados Unidos todavía albergan la esperanza que algún día no tan lejano, la Habana vuelva a ser lo que fue en el pasado antes de la llegada de Fidel Castro al poder en 1959:  El centro de operaciones de Charly “Lucky” Luciano, Santo Trafficante Sr., Meyer Lansky y otros mafiosos de poca monta, y el antro de la prostitución.

Obcecados en derrotar a la revolución cubana lo han intentado todo. Absolutamente todo. Empezando por el bloqueo comercial, político y diplomático, pasando por la invasión militar en Bahía de Cochinos hasta conjurar y atentar contra la vida de ciudadanos cubanos con actos terroristas y culminar con los planes de la CIA para asesinar al Comandante en Jefe.
¿Qué ha dejado de hacer la burguesía cubana y el gobierno de los Estados Unidos para derrotar a la revolución cubana?

Nada. Pero ni a las malas ni a las buenas lo han logrado.  No obstante, la amenaza es permanente.  

«No se puede confiar en el imperialismo, pero, ni tantico así», exclamó categórico Ernesto Guevara en 1961 y mucha razón tenía el Che. No se puede confiar en nada y nadie. Ni en los cantos de sirenas neoliberales ni en las Circes socialdemócratas que prometen el vellocino de oro a cambio de olvidar la epopeya del Pico Turquino, que es el símbolo del esfuerzo y la perseverancia de un pueblo por alcanzar su verdadera independencia.  Es el símbolo de la revolución.

 Eso lo sabía Fidel y los que lucharon con él.  Hay que estar siempre alerta, pues el enemigo brutal no duerme. Por esa razón, el jefe de la revolución cubana fue claro y explícito el 17 de noviembre del 2005 en su mensaje a los estudiantes universitarios de la Habana, cuando apeló a la audiencia ahí presente a reflexionar dialécticamente acerca de las siguientes hipótesis: “¿Es que las revoluciones están llamadas a derrumbarse, o es que los hombres pueden hacer que las revoluciones se derrumben?  ¿Pueden o no impedir los hombres, puede o no impedir la sociedad que las revoluciones se derrumben?  Podía añadirles una pregunta de inmediato.  ¿Creen ustedes que este proceso revolucionario, socialista, puede o no derrumbarse?  (Exclamaciones de: “¡No!”)  ¿Lo han pensado alguna vez?  ¿Lo pensaron en profundidad?”.

Efectivamente, las revoluciones pueden derrumbarse. Incluso la cubana.

Cuba no es la Unión Soviética

En ese mismo discurso Fidel hace un repaso histórico del desarrollo de las ideas de Carlos Marx, Federico Engels y Lenin vistos desde la perspectiva dialéctica del desarrollo de la sociedad. Con sentido crítico comenta Fidel en su discurso que: “Se pierde todo el sentido dialéctico cuando alguien cree que esa misma economía de hoy es igual a la de hace 50 años, o hace 100 años, o hace 150 años, o es igual a la época de Lenin, o a la época de Carlos Marx”.

También habló Fidel de los errores cometidos en la construcción del socialismo, los propios y los ajenos.  Explícitamente se refirió a los cometidos por los revolucionarios bolcheviques, sin mencionar nombres, pues, al fin y al cabo, a buen entendedor pocas palabras bastan. Pero el avezado lector sabe a quién se refiere.

La afirmación que Cuba no es la Unión Soviética no es antojadiza ni voluntarista. La historia político-económica, social y multicultural de la Unión Soviética es muy diferente a la de Cuba y, por consiguiente, las características particulares de la revolución fidelista – guerra de guerrillas y toma del poder – son únicas y no pueden compararse con los de la revolución de octubre y su posterior desarrollo. Más allá de lo común – ideología, partido único, propiedad social a través del estado de los medios de producción y la aspiración por construir el socialismo – Cuba no es la Unión Soviética.  Cuba es Fidel y además, una isla.  

El fracaso del proyecto histórico “revolución socialista bolchevique” o, dicho en otras palabras, el triunfo de la contrarrevolución burguesa internacional en la Unión Soviética, no se debió solamente a la incapacidad política de las máximas autoridades o al “reformismo” de Mijaíl Gorbachov, sino esencialmente a la acumulación de errores político-económicos e ideológicos al interior del partido comunista soviético a partir de la muerte de Lenin en 1924.  Errores tácticos y estratégicos que no se supieron corregir a tiempo.

Por otra parte, el derrumbe del “modelo soviético de desarrollo al socialismo”, demostró que la teoría marxista, y la leninista acerca del Estado y la Revolución no pueden aplicarse mecánicamente como si se tratara de un recetario de cocina. Tanto la teoría como la experiencia de las revoluciones socialistas son simplemente una guía para la acción revolucionaria, pero no la fórmula mágica para resolver los problemas que genera la lucha de clases a nivel nacional e internacional. Por lo tanto, la aplicación dialéctica de la teoría revolucionaria en los momentos concretos de desarrollo de la lucha de clases no tiene nada que ver con revisionismo político-ideológico, sino más bien con el verdadero quehacer político revolucionario.

¿Cómo evitar un posible derrumbe?

Una de las formas para evitar la involución o reversión de la revolución – así lo postuló Fidel– es la corrección a tiempo de errores en el trabajo de partido y en la administración del estado, la rectificación de tendencias económicas que conducen a modelos de desarrollo capitalistas y la puesta en marcha de medidas adecuadas para evitar la corrupción, el despilfarro, el subterfugio, la mentira, los privilegios y la malversación de los bienes públicos.

Pero, además, Fidel añade en su discurso un elemento esencial en la construcción del socialismo: La ética revolucionaria. Muchos de los abusos de poder, la corrupción y los privilegios derivan de la ausencia de ética revolucionaria y falta de conciencia de clase. Aunque también apostilla que no son solamente problemas derivados de la falta de ética revolucionaria de funcionarios de gobierno y miembros del partido, sino que también son causa y efecto de un problema económico todavía no resuelto.   Fidel está consciente que el desarrollo de las fuerzas productivas tiene que corresponderse con un desarrollo económico integral del modo de producción socialista. Pero Fidel también deja claro en su discurso lo que él no quiere para Cuba: Un desarrollo capitalista de las relaciones de producción.

Es precisamente en este punto neurálgico sobre el cual dependen y dependerán todos los acuerdos y tratados comerciales bilaterales con los Estados Unidos y la Unión Europea.  Parafraseando a Rosa Luxemburg podría decirse que el dilema de la sociedad cubana en el futuro mediato será elegir entre avanzar hacia la meta socialista o regresar a la barbarie capitalista.  Esta será la encrucijada en los próximos años en Cuba: Socialismo o renunciar a la herencia de Fidel y el Che (El legado de Fidel y el Che). En Cuba la suerte todavía no está echada.


En todo caso, sea cual fuera la opción – revolución o involución – que el pueblo elija, lo que sí quedó bien claro en el discurso del 17 de noviembre del 2005 es que el único sujeto histórico que puede hacer sucumbir la revolución cubana es el pueblo cubano. Es decir, que el destino de la revolución solo está en manos del pueblo cubano y de nadie más.

domingo, 9 de octubre de 2016

Gilipollas, la palabra que lo dice todo

Para mi amigo Emilio –Emiliet per els bons amics– no existe palabra en la lengua española que sintetice todos los atributos negativos que un ciudadano del mundo pueda adquirir a lo largo de su paso por el mundo.  Y yo estoy de acuerdo con él. Se puede ser pasmado, idiota, imbécil, estúpido en ciertos momentos de la vida, incluso algunas veces podemos comportarnos como verdaderos hijos de puta, pero, ser gilipollas es una condición humana que solamente se alcanza faltándole el respeto absoluto a sus semejantes.

Si usted habita, querido lector, en latitudes hispanoparlantes donde este término no forma parte del vocabulario o trompavulario común de la gente se preguntará a lo mejor qué cosas hay que hacer o decir, para ser considerado por los demás como gilipollas.

Pues bien, el paradigma excelso de la gilipollez lo personifica Donald Trump, el candidato a la presidencia de los Estados Unidos.

Donald Trump es gilipollas a más no poder cuando despotrica contra los migrantes en los Estados Unidos, una nación exclusivamente multirracial y multicultural.  Es gilipollas porque olvida que los 224 millones de blancos que viven en los Estados Unidos son de origen europeo, es decir migrantes, – incluyéndole a él y su familia–, es gilipollas porque pasa por alto que el producto interno bruto de la nación más poderosa del planeta lo generan también los afroamericanos, los asiáticos y los millones de latinoamericanos, la mayoría procedente de México. Sin contar en esta estadística la mano de obra barata e ilegal que también aporta su buen tanto a la economía nacional.

Hay que ser muy gilipollas al pensar que la construcción de un muro a lo largo de la frontera con México resolverá el problema de la inmigración ilegal y el tráfico de drogas. 

Donald Trump es gilipollas al denigrar a las mujeres con comentarios sexistas y machistas en un país donde la población femenina es mayoritaria y es gilipollas al afirmar que el cambio climático es producto de una confabulación china para obtener más cuotas en el mercado internacional.

Ahora bien, hay que diferenciar  entre la calidad de ser un hijo de puta y la de ser un gilipollas. Son variedades distintas del género humano. Tanto es así, que no todos los hijos de puta que habitan el mundo son gilipollas ni tampoco todos los gilipollas son hijos de puta. Aunque hay que admitir la existencia de una variedad híbrida, que bien podría llamarse giliputas. Esto quiere decir, que para triunfar en el mundo moderno no necesariamente hay que ser gilipollas o giliputas, sino que basta con ser un verdadero hijo de puta e ir por el mundo explotando la mano de obra barata para ascender en la jerarquía socio-económica de la sociedad de consumo. Esta variedad de terrícolas–los hijos de puta– es la que Aaron James, profesor de filosofía en la universidad de California, ha desmenuzado en detalle en su libro “La teoría de los hijos de puta” (Assholes – A Theory).


En fin, a Donald Trump, se le pude nombrar de varias formas. Si a usted le apetece, estimado lector, puede nombrarlo “hijo de puta”  o “giliputas” y de antemano le digo que no está equivocado. Soy de la opinión eso sí, que un gilipollas de capirote, como Donald Trump, es además de   vulgar e ignorante, políticamente peligroso.  No obstante, gilipollas es la palabra castiza que define, según mi opinión, la esencia de la personalidad de Donald Trump. Es la palabra que lo dice todo en relación al candidato presidencial norteamericano, aunque usted piense que eso es poco. Créame, no lo es. 

sábado, 10 de septiembre de 2016

Font de l´Alcantara

Cuenta Aldebarán El Viejo[1] que cuando se encontró por primera vez con Don Domingo Antimilla en la fuente que suministraba de agua potable a todos los pueblerinos tuvo la corazonada o “tincada”, como decían “los hombres de la tierra” (Mapuche), que estaba frente a la presencia de un personaje enigmático. Inclinado sobre el manantial, el Mapuche no respondió al “mari, mari”, el saludo de los Mapuche y que en su lengua, el Mapudungun, significa el “hola”  castizo. 
La misma sensación tuve yo el día que encontré a Don Vicente Cantó en la fuente de Alcántara con sus vasijas de polietileno de cinco litros, cántaros modernos, abollados ya de tanto ir y venir a la vertiente de agua. No respondió el buen hombre a mi saludo, solamente giró la cabeza y me auscultó con sus negros ojos.
— ¿Cómo estamos? – insistí – tratando de romper la evidente capa de hielo que nos separaba, al menos verbalmente.   
      Pues aquí, recogiendo agua – respondió – y la oración silbó bajo los pinos como flecha disparada por un cacique apache en el desierto de Arizona.
      Parco y seco el señor – pensé– y precisé mi pregunta: ¿Cómo nos trata la vida?  
      Pues no me puedo quejar.  He  tenido suerte en la vida…
El hombre se explayó en su relato y los recuerdos de su infancia me parecieron como un tsunami, barriendo el Tafarmaig y los Altos del Xarquet de senderistas y escaladores modernos. Así que decidí colocar en el suelo mis bidones sedientos, pues la conversación se había transformado en una fuente inagotable de anécdotas y leyendas.  Los “antes y los despueses” se entrelazaban entre las cabras que comían en los áridos cerros y los días en que había que cortar la corteza de los pinos y venderla para  tener algo caliente que comer en el plato.
En los años en que los guiris[2] todavía no habían invadido la región, muchos sellardos, gentilicio  de los habitantes del pueblo de Sella, tuvieron que emigrar al extranjero. Vicente Cantó no tuvo que ir muy lejos para encontrar su “suerte” o Kismet como dicen los árabes en su idioma.  La encontró en Alicante, ciudad perteneciente al antiguo Al-Andalus, cuyo nombre se inspira, según la leyenda, en una historia de amor entre Cántara, la hija de un califa  y Ali, un joven musulmán.
Los Sellardos –comenté en passant– sois gente gallarda y recelosa con los extranjeros. Esparcí en el terreno de la conversación una de cal y otra de arena, arriesgándome a recibir una fuerte paliza como la que le dio Don Quijote a Sancho Panza cuando éste habló mal de Dulcinea. Incluso llegué a fantasear que podría ser ésta la última vez que traía mis cántaros polímeros a la fuente, y no habiendo una Dorotea que me protegiera, era natural que temiera lo peor, pues como dijo el Caballero de la Triste Figura: “Mira, Sancho, lo que hablas; porque tantas veces va el cantarillo a la fuente…, y no te digo más”. Pero como ya lo dijo el maestro Rupilius Techocachas: “Entre tu arte y mi arte, prefiero mi arte; nunca temáis a quien temió, pues hasta la muerte temió en el hoyo”. Así que me arriesgué. 
Sin embargo, mis temores eran infundados. El Sellardo no se dio por aludido y una vez terminada su conversación, complaciente, me invitó a compartir el agua de la fuente de Alcántara.
 —¡La próxima vegada parlarem en valencià ! –exclamé.
      ¡Mol be aixo! –respondió con una sonrisa que delató sus pensamientos.
Más clara, solo el agua tratada con lejía y salfumant.  La verdadera integración social comienza cuando se aprende la lengua de los nativos, a respetar su cultura y su idiosincrasia.
Me despedí de Don Vicente Cantó recitándole un verso de Martín Fierro: “Tiene el hombre que trabajar para ganarse su pan, pues la miseria en su afán de perseguir de mil modos, llama a la puerta de todos y entra en la del haragán”. La “suerte”– le dije–no cae del cielo. Hay que currársela.
—¡Salut i força al canut i que l'any que ve sigui més gros i més pelut! – exclamó.
      Aixi será – respondí. ¡Més gros i més pelut!




[2] Guiri: Turista extranjero

domingo, 17 de abril de 2016

El Papa, Obama y los Rolling Stones en Cuba

Sabe a milagro que en tan poco tiempo –seis meses– se haya dado en Cuba Socialista, bloqueada por los Estados Unidos en todos los niveles desde octubre de 1960, tres eventos que llenaron por unos días los titulares de los medios de comunicación del mundo, pero cuya trascendencia político-diplomática y cultural no pasa más allá de ser un acto de relaciones públicas internacionales. Sin embargo, no se trata de ningún milagro, sino de cosas tan terrenales como lo son las relaciones diplomáticas entre estados.

Ni el encuentro histórico entre el Papa Francisco y Cirilo, el Patriarca de la Iglesia ortodoxa rusa en la Habana ni el Brown–cuban– Sugar de los Rolling Stones en vivo en el estadio de la Ciudad Deportiva ni siquiera los 88 años transcurridos entre la visita del presidente republicano Calvin Coolidge en 1928 y la de Barack Obama, demócrata, pasarán a la historia como el punto de inflexión de la revolución cubana o the point of no return de la misma. No obstante, estos eventos indican que “algo” se “viene cocinando” a fuego lentísimo en las respectivas cocinas desde hace varios años.

Y no podría ser de otra forma, puesto que los procesos, cuando se rigen por las leyes de la dialéctica, solamente concluyen –parcialmente– cuando la lucha de contrarios alcanza su máxima expresión, dando lugar a una fase de desarrollo superior en calidad y cantidad a la anterior, en la cual lo viejo será negado nuevamente y así sucesivamente.

El fracaso del llamado “socialismo real” en el siglo XX, se debió en gran parte –según mi opinión–  a que las dirigencias políticas convirtieron la dialéctica en un dogma.  ¿Dialéctica o Dogmatismo? Ese es el dilema de toda fuerza política. ¿Desarrollo o involución?

Así como en los Estados Unidos, en Cuba también hay fuerzas políticas, por una parte, que se oponen radicalmente a los cambios y se empecinan en mantener el status quo vigente, otras, empeñadas en imponer sus condiciones y otras, buscando encontrar soluciones basadas en el respeto mutuo y la cooperación civilizada entre naciones con diferentes modelos de desarrollo político-económico, ideológico y cultural. Por esa razón es que los procesos dialécticos de desarrollo entre Cuba y los Estados Unidos marchan más despacio que el deseo de los ciudadanos de “a pie” en ambos países.

En este sentido, la visita de Francisco, Barack y los Rolling Stones son parte integral, y a la vez superior, del proceso dialéctico de las relaciones internacionales entre los Estados Unidos y la República Socialista de Cuba, y que Juan Pablo II en su visita a Cuba en 1998 lo bautizara con la consigna: “Que el mundo se abra a Cuba y que Cuba se abra el mundo”. El papel desempeñado por el Vaticano y la jerarquía de la Iglesia católica como mediador, interlocutor e impulsor del acercamiento entre los dos gobiernos ha sido importante para ambos. 

Para entender mejor los cambios que se han dado en Cuba en los últimos 35 años hay que considerar dos coyunturas políticas que, según mi opinión, influyeron de manera determinante en la política exterior e interior del gobierno cubano. La primera es la caída de la Unión Soviética y la beligerancia de la administración de Ronald Reagan. Aquí me referiré solamente a la segunda.

Ronald Reagan, la revolución salvadoreña, la contrarrevolución nicaragüense, invasión a Granada y el fantasma de una guerra centroamericana y caribeña 1983
La política exterior de la administración de Ronald Reagan en relación a la revolución sandinista y la revolución socialista salvadoreña fue tajante y sin corta pisas: Los Estados Unidos de Norteamérica no estaban (ni estarán) dispuestos a tolerar y/o permitir una segunda o tercera Cuba en América Latina. Ni siquiera una desteñida caricatura de la misma.

La invasión a Granada fue el mensaje meta comunicativo para el gobierno cubano: O Cuba dejaba de apoyar a los movimientos revolucionarios en América Latina o las consecuencias serían más graves aún para la revolución cubana.

El Comandante Fidel Castro Ruz en su discurso del 14 de noviembre de 1983 dedicado a los cubanos caídos en combate durante la invasión a Granada, expresó lo siguiente: “El imperialismo se empeña en destruir símbolos, porque conoce el valor de los símbolos, del ejemplo, de las ideas. Quiso destruirlos en Granada, quiere destruirlos en El Salvador, en Nicaragua, en Cuba… Ojalá que la pírrica victoria de Granada y la atmósfera triunfalista que los embriaga no los conduzca a graves e irreversibles errores [advertencia del Comandante a Reagan]…Los revolucionarios salvadoreños, en más de tres años de heroica lucha, se han convertido en combatientes experimentados, temibles, invencibles. Son miles de hombres que conocen el terreno palmo a palmo, veteranos de decenas de combates victoriosos, acostumbrados a luchar y vencer en proporción de uno a diez contra tropas élites entrenadas, armadas y asesoradas por Estados Unidos [advertencia de las implicaciones de una vietnamización de la guerra en El Salvador]…En las condiciones actuales de nuestro continente, una guerra de Estados Unidos contra un pueblo latinoamericano levantaría el espíritu y volcaría el sentimiento de todos los pueblos de América Latina contra los agresores” [La amenaza de intervención militar norteamericana directa en El Salvador fue un hecho real]. Nota: Los comentarios entre corchetes son del autor.

La estrategia de uno, dos, tres Vietnam había quedado sepultada en la Higuera en 1967 y la expectativa revolucionaria del movimiento salvadoreño de tomar el poder político-económico y militar por la vía de las armas se había aplazado – el FMLN no logró insurreccionar al pueblo el 22 de enero de 1981 – a una fecha indecisa en el futuro. Es decir, que por un lado el gobierno de los Estados Unidos no quería más “Cubas” en Latinoamérica (recordar Chile, 1973) y por el otro, los movimientos revolucionarios guerrilleros en el continente no podían derrotar a las dictaduras militares por la vía de las armas, entonces lo más cuerdo y civilizado era optar por la vía pacífica, por el dialogo y la negociación.  Este fue el dilema que confrontaron los movimientos guerrilleros latinoamericanos después de la revolución cubana en las décadas de los sesenta, setenta y ochenta del siglo pasado, sobre todo en El Salvador.

Karl von Clausewitz argumenta en su obra “De la guerra”, que existen dos motivos principales para plantear y/o hacer la paz: el primero es la improbabilidad del éxito y el segundo el precio excesivo a pagar por él. Por otra parte, tan pronto como el gasto de fuerza sea tan grande que el objetivo político ya no sea equivalente, este objetivo deberá ser abandonado y el resultado será la paz.

Cuba optó sabiamente por el camino de la paz, influyendo de manera importante en el proceso de diálogo y negociación en El Salvador entre el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) y el gobierno de ARENA.  

Fidel, Raúl y su sensibilidad especial por la Iglesia Católica 1985- 2015
Hay un detalle muy importante a tener en cuenta a la hora de analizar las relaciones entre Cuba y el Vaticano: Cuba fue el único gobierno comunista que jamás rompió las relaciones diplomáticas con el Vaticano.

El 24 de mayo de 1985 en algún lugar de la Habana se llevó a cabo una conversación[1] entre el fraile dominico brasileño Frei Betto y el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz. Fidel reconoce en dicha ocasión que no se admite la presencia de cristianos en el Partido Comunista de Cuba. Frei Betto pregunta si será posible en el futuro que el PCC se transforme en un partido laico y si existirá la posibilidad que un cristiano revolucionario pueda pertenecer a las filas del partido. Fidel responde que, dadas las circunstancias político-culturales en los inicios de la revolución, se tomó la norma rigurosa y ortodoxa que todo aquel que quisiera ser militante del partido, tenía que aceptar el marxismo-leninismo en todos sus aspectos, no solo político y programático, sino también filosófico, y, además, añade Fidel, que considera que todavía no están dadas las condiciones en Cuba para que el partido comunista proclame el carácter laico del Partido.

En 1991, seis años más tarde de la conversación con Frei Betto, el Partido Comunista de Cuba aprobó la entrada de católicos en sus filas. ¿Qué condiciones se dieron para que el PCC proclamara el carácter laico del partido? A lo mejor, la tácita desaparición de la Unión Soviética y el inicio del “Periodo Especial en tiempos de Paz” contribuyeron a que la dirigencia del Partido lo decidiera.

Al final de la entrevista, Fidel le regala a Frei Betto un afiche del Movimiento 26 de Julio con un dibujo del rostro del Comandante y con una dedicatoria que dice: “Aún no lo ha logrado, pero si alguien puede hacer de mí un creyente es Frei Betto. Fidel Castro”.

Treinta años más tarde, es decir en mayo del 2015, Raúl Castro Ruz declara en Roma que: “Yo me leo todos los discursos del Papa (Francisco). Si continúa hablando así, les aseguro que volveré a rezar y regresaré a la Iglesia. Y no lo digo en broma”.

El papel mediador del Vaticano 1998-2016
La visita del Papa Francisco a Cuba no ha provocado más expectativas que las que causó en su momento Juan Pablo II cuando visitó la Isla en 1998, aun cuando se trata del primer Sumo Pontífice no europeo en el Vaticano y con el crédito de ser coterráneo del Comandante Che Guevara. No obstante,  la visita del presidente de los Estados Unidos no hubiera sido posible sin los buenos oficios del Sumo Pontífice Francisco.

La visita de Karol Józef Wojtyla en Cuba hace 18 años tuvo una connotación más política que religiosa: “Que el mundo se abra a Cuba y que Cuba se abra el mundo”. Fue un llamado a levantar el bloqueo económico contra Cuba, lo cual no significaba que Cuba recibiría un cheque en blanco, sino que se trataba de un quid pro quo. A cambio Cuba tenía que realizar reformas político-económicas.  Mientras que la visita de Jorge Mario Bergoglio tiene como consigna: “Haz la paz y no la guerra”.
El bloqueo económico que todavía rige por decreto de ley federal estadounidense, es una guerra declarada contra Cuba, en la cual no hay armamento militar de por medio, sino una cantidad de decretos y normativas que provocan más daño al pueblo cubano que una guerra convencional. Es decir, que el bloqueo no es más que la continuación de la guerra contrarrevolucionaria imperialista por otros medios. ¡Una guerra que dura ya 56 años!

El fracaso del boicot y la fidelidad del pueblo cubano a Fidel 1959-2016
El objetivo principal de la ley Torricelli, promulgada en 1992 por la Cámara de Representantes de los Estados Unidos, era doblegar al gobierno cubano y llevar a cabo la contrarrevolución. Es durante la fase más dura del “Periodo Especial en Tiempos de Paz” en que se aprueba esta ley, también conocida como Ley de la Democracia Cubana. Cuba, a pesar de todo ha resistido más de medio siglo el bloqueo económico, político y diplomático. De tal manera que Cuba Socialista entró al siglo XXI habiendo resistido amenazas de todo tipo por parte del gobierno de los Estados Unidos y habiendo hecho caso omiso a los cantos de sirena de la socialdemocracia internacional que llegó a la Isla en la persona de Felipe González y su cohorte de funcionarios con recetas reformistas económicas. El efecto dominó esperado por todos los enemigos de la revolución en la década de los noventa, después del derrumbe de la Unión Soviética, no se llevó a cabo. Es más, Cuba sigue ahí, empecinada en construir el socialismo cubano y fiel al Comandante en Jefe, Fidel Castro Ruz.

Desde 1959, Fidel y el “marxismo-fidelismo” del pueblo cubano son las rocas donde las olas se rompen con violencia cuando hay huracanes político-ideológicos.
De cara al futuro es válido preguntarse: ¿Es posible un marxismo-fidelismo sin Fidel?

Obama y la subversión sutil 2016
El discurso pronunciado por Barack Obama en el Gran Teatro de la Habana el  pasado 22 de marzo puede clasificarse de “argumentativo-subversivo”, en cuanto que el presidente de la nación más poderosa del planeta, haciendo uso de la retórica  fina e inteligente que lo caracteriza, pretende convencer al pueblo cubano y sobre todo a las nuevas generaciones anónimas que lo escuchan atentamente en todos los rincones de la Isla, que el presidente de los Estados Unidos de América le tiende al pueblo cubano su mano negra y franca en son de paz, pero no quedó muy claro sí lo hacía en calidad de amigo o enemigo de la revolución cubana.

La historia sucinta que relata Obama centralizada en la época de la esclavitud en América, es un instrumento retórico para restarle importancia a las diferencias político-ideológicas entre ambos gobiernos y, sobre todo, para remarcar sus raíces africanas y su condición de pertenecer a un grupo social que sufrió en los Estados Unidos el racismo y la discriminación social y económica en los años sesenta y setenta del siglo pasado. Obama ubicó el centro de atención de su discurso en la influencia del África Negra en el continente americano y en las reformas político-económicas necesarias que Cuba tendría que realizar para garantizar el desarrollo futuro de la sociedad. Es decir, no era un anglosajón ni un miembro de la oligarquía estadounidense que se dirigía al pueblo cubano, sino un negro que ha tenido que currar duro para llegar a donde está y que, además, quiere ayudar a Cuba.

Obama se dirigió de manera muy particular a las nuevas generaciones, sabiendo que los jóvenes son los únicos que pueden moldear el “futuro” cubano.  Miami, podría ser el paradigma a seguir en el futuro, dado que es un “claro ejemplo” en los Estados Unidos de lo que los cubanos son capaces de lograr con su talento innovador.  Obama obviamente, no quiere una “nueva Miami” en Cuba, sino una “nueva Cuba” en Cuba. ¿Y, cómo se logra eso?

Fortaleciendo e impulsando medidas de reestructuración económica –el recetario para reestructurar el modelo de desarrollo económico socialista cubano es más extenso–, pero Obama se limita a unas pocas, como, por ejemplo, el cuentapropismo, cooperativas, políticas monetarias, reformar las leyes laborales y disponibilidad de internet en toda la isla.  

Luego, Obama, consciente que la reestructuración económica no es suficiente para que la juventud cubana realice el triple salto mortal sin red de seguridad al estilo Miami, se explaya hablando de los derechos universales del hombre a tener trabajo, escuela, casa, salud y los alimentos necesarios. Sin mencionar que el bloqueo económico atenta precisamente contra los derechos universales de los cubanos.

Obama no quiere que Cuba emule a los Estados Unidos, no obstante, él explica al auditorio y a los televidentes cubanos que los Estados Unidos es un país donde todo es posible conseguir y alcanzar, siempre y cuando exista la voluntad de lucha y sacrificio individual y colectivo. De no haber sido porque la gente se organizó, protestó y desafió a las autoridades gubernamentales no hubiera sido posible abolir la segregación y la discriminación racial, comenta el Presidente Obama. Es decir, que, para lograr cambios en la sociedad en general, la juventud tiene que luchar, si es necesario contra el gobierno. ¡A buen entendedor pocas palabras bastan!

La democracia estadounidense–argumenta Obama– es la que le ha dado al pueblo trabajador la oportunidad de organizarse y a la gente “de a pie” a tener voz y voto; es decir, que la democracia gringa es la garantía que tienen los ciudadanos para alcanzar el sueño americano –the american dream– y disfrutar de un alto nivel de vida. !That is the american way of life!

Los Estados Unidos –reitera Obama– no tiene ni la capacidad ni la intención de imponer cambios en Cuba. Lo que cambie dependerá del pueblo cubano. Pero sí dejó bien en claro que para que los cubanos puedan construir the cuban way of life tiene que haber reformas profundas en el modelo político-económico cubano.

Los cubanos no tienen que hacerse muchas ilusiones con la fineza y bonhomía de Barack Obama ni esperar nada regalado por parte del gobierno norteamericano. La política exterior del gobierno de los Estados Unidos no depende única y exclusivamente del presidente de turno. La derogación de la ley Torricelli no está en sus negras manos, sino en primera instancia en las manos blancas de accionistas anónimos archimillonarios enquistados en sociedades y corporaciones industriales y financieras. Los políticos demócratas o republicanos apretarán o aflojarán las tuercas a Cuba de acuerdo a los intereses de los Estados Unidos.

I can't get no satisfaction
Antes que los Rolling Stones con el “I can't get no satisfaction” y “You Can't Always Get What You Want” llegaran a Cuba, John Lennon ya había arribado –simbólicamente –  a las costas cubanas en su barco de fantasía Imagine en diciembre de 1990[2], diez años más tarde de su muerte física frente al Dakota en Manhattan.  No fue un acto oficial sino un acto espontáneo organizado por un puñado de jóvenes artistas que tuvieron el coraje y la valentía de cantar públicamente las canciones de los Beatles. Tuvieron que trascurrir diez años para que John tomara asiento sobre una banca de un parquecito ubicado en el Vedado, ciudad de la Habana.  El mismo Comandante en Jefe, Fidel Castro Ruz estuvo presente en la inauguración del monumento a John Lennon[3]. ¡Más vale tarde que nunca!

En la Cuba Socialista todavía hay necesidades materiales no satisfechas. Pero también es cierto que hay otras pequeñas satisfacciones , como relata Brecht en su poema “Satisfacciones”,  que los cubanos de “a pie” también pueden gozar y que son también vitales para la salud mental: " La primera mirada por la ventana al despertarse, el viejo libro vuelto a encontrar, los rostros entusiasmados, nieve –solamente en forma de helado en el Copelia, sabor Fresa y Chocolate–, el cambio de las estaciones – solamente dos, pero bien marcadas–, el periódico –Granma y Juventud Rebelde–, un perro –también hay escuelas para los caninos–, la dialéctica – esencial para entender y comprender la naturaleza del hombre y de las cosas–, bañarse –en hermosas playas de arena blanca pero no en pelota, porque es prohibido como en la mayoría de países –, nadar, música antigua – Benny Moré y Bella Vista Social Club –, zapatos cómodos –de marcas conocidas–, comprender, música nueva – Reguetón, Rap y los Rolling Stones–, escribir, plantar, viajar –por el momento un lujo chino –, cantar –y bailar– y ser amable”. Nota: Los comentarios entre guiones son del autor.

Cuba, para poder satisfacer integralmente las necesidades materiales y espirituales del pueblo, tiene que modernizar sus estructuras y sus instalaciones productivas, tiene que reparar en los errores cometidos en el pasado tanto los propios como los ajenos – ante todo los de la antigua Unión Soviética– y lógicamente, eliminarlos, tiene que rectificar las coordenadas, verificar las rutas, anclar en nuevos puertos, etcétera, etcétera. Y precisamente en ese proceso se encuentra la revolución cubana, rectificando errores a todos los niveles. Un proceso que comenzó en los años ochenta del siglo pasado y que quedó plasmado en los lineamientos generales aprobados en el III Congreso del Partido Comunista de Cuba en diciembre de 1986.

¿Is this the end, my only cuban friends, the end?
Así están las cosas pues, en la Cuba del siglo XXI. Cuba se está abriendo al mundo y el mundo se está abriendo a Cuba. Los sonidos de los tambores y congas del presente no son de guerra, sino de paz. No obstante, no hay que olvidar la historia y tener siempre presente que desde John Kennedy pasando por Reagan, Bush padre e hijo, los presidentes de los Estados Unidos en mayor o menor medida, abierta-o veladamente, han cantado a capela We can't get no satisfaction, viendo a la Cuba socialista resistir los embates de la nación más poderosa del planeta. Por eso persisten en derrotarla. ¡'Cause they try, try and try!

Jim Morrison, cantante de los Doors, compuso la canción The End y Julio Numhauser Navarro un cantautor chileno es el autor de la famosa canción “Todo cambia”. Personalmente, me gusta más la cosmovisión de Navarro. En la canción del chileno se habla de que todo cambia en la vida. Efectivamente, la dialéctica de la naturaleza es la base del desarrollo sostenido del hombre y la sociedad. Todo cambia sí, pero no hay que olvidar que hay cosas que no cambian, sino que se profundizan y se multiplican como el amor al pueblo, al prójimo, el humanismo y el respeto por la dignidad del hombre. Pero también hay que reconocer que hay cosas que definitivamente tienen su fin: La revolución bolchevique, la revolución mexicana, la revolución sandinista, la revolución salvadoreña y la Unidad Popular.

Reconozco que hay que tener mucha fantasía para imaginarse a Fidel tocando guitarra eléctrica y cantándole a la juventud cubana la canción de Cat Stevens, “Father and Son”, pero todo es posible en la vida: “It's not time to make a change, just relax, take it easy, You're still young, that's your fault. There's so much you have to know. But take your time, think a lot, why, think of everything you've got. For you will still be here tomorrow. But your dreams may not. All the times that I've cried. Keeping all the things I knew inside it's hard. But it's harder to ignore it. If they were right, I'd agree. But it's them they know, not me. Now there's a way, and I know that I have to go away. I know I have to go. “

Ojalá el pueblo cubano, sobre todo la juventud a la que se dirige Barack Obama, sepa valorar en su correcta dimensión lo alcanzando por la revolución socialista hasta la fecha.